jueves, 19 de marzo de 2009

Un premio de lotería diferente

Hemos recibido en la Asociación una carta de un profesional dedicado al transporte escolar, que ha querido reflejarnos con sus propias experiencias la realidad que vivimos hoy en día en relación a la Educación Vial.
Desde todos los estamentos sociales, día a día nos vamos encontrando a más gente que se conciencia de la necesidad de que esta enseñanza sea persistente y se valore en su justa medida, y una vez más quieren lanzar un grito al mundo para decirnos que SÍ es necesaria la Educación Vial.
Como Presidenta de APEMEV, deseo dar las gracias a Elías por darnos otra perspectiva en estas líneas y con ellas darnos un empujón para seguir luchando…
Gema Quintana Ortiz
Presidenta de APEMEV CANTABRIA


Hola

Si tenemos que hablar de Seguridad Vial, también tendríamos que hablar un poquito del transporte escolar, pues yo como conductor, uno más de tantos, vemos día a día como vuestros hijos se comportan, afortunadamente los conductores llevamos monitoras que cumplen, con una gran profesionalidad y mal retribuidas económicamente; pues es muy difícil dar gusto a todos y en el bus hacen su trabajo, pero el problema mayor existe en las paradas donde los niños esperan el autobús, siendo muchos los que quieren entrar los primeros, corriendo paralelos al bus, para llegar a la puerta el primero, y tanto monitoras como conductores no podemos luchar contra ello, pues cuando se los reprende por ello alegan que está fuera del bus y monitora y coger pasamos a no pintar nada. Y muchos están con sus mamás y si su hijo no puede subir el primero hay lágrimas del niño y enfado total.
Con todo esto pienso que todos tenemos cosas que mejorar, pues ninguno somos perfectos. En veinticuatro años que llevo trabajando con un autocar, oyes, ves y piensas que a mí no me va a OCURRIR, pero el día 22 de Diciembre, 09,20 de la mañana, cuando por la radio daban la lotería de Navidad, un niño al cual aprecio mucho por su habilidad y a sus familiares, y padres, que de niños también les llevé al cole, patinó por el hielo y se metió debajo del bus sin que yo pudiera hacer nada por remediarlo, sirva de ejemplo para otras rutas, y cuando los niños, son eso, niños, los mayores siempre deberemos tener mayor cuidado, pues con lo poco que pasó, pudo ser fatal y ese día pienso que me tocó la lotería.
Sirvan estas líneas para que todos aportemos nuestro pequeño grano de arena.
Un saludo
Elías Macho Estrada (13.904.947)

martes, 10 de febrero de 2009

La Estela Vial ha iniciado su andadura por los centros educativos.


A lo largo de la mañana hemos visto como Arancha, Carlos, Elio, Marina, Nuria, Brian, Ana, Diego, Laura y Emilio jugaban con la Estela Vial. La mayoría coincidió en señalar que las actividades más interesantes eran las relacionadas con la mímica.
Han prometido remitirnos una nota sobre lo que les ha parecido el juego, en cuanto la tengamos procederemos a publicarla.
Desde aquí queremos dar las gracias a la dirección del Colegio Fernando Arce y muy especialmente a las/os profesores Elsa, Ana y a Raúl por todo el apoyo prestado.
Podéis ver un montón de fotos y comentarios a través del blog http://ixjornadasestatalesfetevi.blogspot.com/

miércoles, 4 de febrero de 2009

EDUCACION VIAL. PERSPECTIVA DE UNA MAESTRA

Hace años decidí que quería ser maestra. Me gustaba esa palabra. Pero a medida que pasaba los cursos en Magisterio había una palabra que me rondaba la cabeza ¿Qué tipo de persona debemos formar los maestros?
Lo que está claro es que cuando los niños acuden a los centros educativos, los maestros los vemos como una persona en crecimiento y en una etapa de formación, lo que implica ser sujeto con la ayuda de otras personas, entre las cuales nos encontramos.
Enseñamos con la intención de ayudar al desarrollo integral del niño, ya que lo consideramos un ser total; para que forme ciertos valores que le permitan interactuar adecuadamente en la sociedad. Siendo además el niño en relación a sus posibilidades, un ser que aporta en el proceso de desarrollo; de enseñar y aprender de las demás personas que interactúan con él, en un proceso de intercambio, apoyo y ayuda bilateral.
Pero, ¿tenemos que ser sólo los maestros los que enseñemos? Yo creo que no. La comunidad educativa puede y debe ser muy amplia. Un profesional de la educación debe manejar el soporte de conocimientos que son básicos para el desempeño de la función de enseñar y aprender. Al mismo tiempo debe ser capaz de tomar decisiones autónomas, con independencia, libertad y responsabilidad; tolerar opiniones y modos de actuar diferentes, valorar las inquietudes y los esfuerzos de cambio, generar experiencias de aprendizaje significativas y creadoras, respetar la sensibilidad e individualidad evitando imponer ideas o formas de pensamiento.
Y en base a todo eso ¿Quiénes pueden ser los profesionales de la educación?, todos aquellos que quieran enseñar y tengan algo que enseñar, entre los que se encuentran los bien llamados educadores viales.
¿Educadores viales? ¿Educación vial? ¿Cómo metemos eso en el curriculum? ¡Eso es cosa de los policías, de las autoescuelas!. ¡CUÁNTAS VECES HABREMOS OÍDO ESTO EN LOS COLEGIOS, ENTRE LOS DOCENTES!. ¡YA ES HORA DE CAMBIAR!
Personalmente siempre me he definido como una maestra de 24 horas. Accesible a alumnos y sus familias. Que no he limitado la docencia a las horas de colegio. Que ha defendido una metodología funcional y significativa en todos los ámbitos educativos que pudiesen incidir en el desarrollo integral de mis alumnos, y la educación vial es uno de ellos.
¿Pero qué enseñarles?
Creo que es necesario tener en cuenta aquellos aspectos que son demandas reales de los niños y jóvenes desde su lógica y desde su realidad social en la que están inmersos. Además creo que al trabajar contenidos específicos estamos iniciando el desarrollo de las competencias en educación vial en la escuela: comprender los procesos comunicacionales, sociales, tecnológicos y ecológicos; pensar estratégicamente, planificar y responder creativamente a demandas cambiantes; identificar, definir, y resolver problemas al mismo tiempo que formular alternativas, soluciones y evaluar resultados; comprender la información; dominar las habilidades requeridas para la conducción, el trabajo en equipo y la acción colectiva; organizar y planificar la propia formación permanente y sostener una predisposición para adaptarse a los cambios continuos
La educación implica un aprendizaje. Hay que saber y comportarse bien. Esto es lo que se pretende en nuestra enseñanza. Hasta que no se alcanza esto no hay verdadero aprendizaje, todos lo demás son factores que facilitan, predisponen y pueden contribuir en mayor o menor grado al éxito. Hasta que los nuevos conocimientos se convierten en algo habitual, superando la momentánea memoria de algo que pronto se olvida o en un comportamiento simulado ante el profesor de la escuela o el examinador, hasta que no se han hecho algo suyo, espontáneo, connatural, no se logra el objetivo de la educación.
La Educación Vial no debe entenderse únicamente como el mero aprendizaje de un repertorio de normas y señales de circulación ni de un catálogo de reglas de cortesía y urbanidad. Debe ser algo más. Debe ir encaminada, además, a la enseñanza y el aprendizaje y adquisición de unos hábitos de comportamiento que modifiquen y centren actitudes frente al hecho del tráfico como fenómeno social y de riesgo y a mantener con los demás usuarios unas relaciones de convivencia ordenada, solidaria, responsable y de respeto mutuo acordes con la sociedad en que vivimos.
La tarea de los padres es imprescindible para el logro de los fines educativos. En primer lugar, como educadores de base creando hábitos y actitudes. En segundo lugar, actuando como motivadores del comportamiento de sus hijos en base a su propio comportamiento vial correcto y adecuado, pues no hay que olvidar que los padres son modelo de comportamiento para sus hijos y éstos aprenden y hacen lo que ven. Si los padres cumplen y respetan las normas y señales de circulación, los hijos tendrán una buena base sobre que apoyarse. Por el contrario, un mal ejemplo, un comportamiento no acorde con dichas normas y señales, conllevará una conducta, un hábito, difícil de modificar. En tercer lugar, apoyando la acción educativa que en el colegio, en la escuela, llevan a cabo los maestros.
Pero como colaboradores del profesorado encargado de impartir la educación vial, no hay que olvidar a las Policías Locales. En primer lugar, con ocasión de vigilar y velar por la seguridad de los niños a la entrada y salida de los Centros Escolares. En segundo lugar, apoyando la tarea de los profesores en los colegios o impartiendo clases en los Parques Infantiles de Tráfico. En tercer lugar en la calle, donde la Policía está en permanente contacto con el ciudadano. La calle puede ser considerada como un lugar de formación, aprendizaje, puesta en práctica y reciclaje permanente de los conocimientos en materia de educación vial, el lugar idóneo donde la Policía Local, ejerciendo sus funciones de vigilancia, prevención y corrección de comportamientos inadecuados, puede desempeñar una extraordinaria labor en beneficio de la seguridad vial.
Sólo me resta decir que en APEMEV he encontrado a un grupo de gente encantadora, motivada con los temas que estamos tratando y en la medida que pueda aportaré mi granito de arena como maestra a una causa común a todos los miembros de esta asociación: LA EDUCACIÓN VIAL
FDO.- Ana Mª Riaño Galán

miércoles, 14 de enero de 2009

MUCHOS SOMOS POCOS

Yo creo, como la mayoría, que ser Policía es una vocación, aunque para algunos sea sólo un buen trabajo y más con los tiempos que corren. No es un trabajo fácil y poco a poco te enfrentas a sinsabores que en muchas ocasiones te hacen flaquear, en estos momentos sólo te queda la familia, los amigos y los buenos compañeros. En uno de esos malos momentos un compañero te inicia en una aventura que tú no estas convencido de poder llevar a cabo aunque finalmente la aceptas diciendo “vale pero no te garantizo nada” éstas desganado, sin animo, pensando en que jaleo te vas a meter de niños, profesores, colegios, jefes…. Sin embargo a los dos días estas pidiendo para “tus niños de Educación Vial” hasta en los Bares.

Entonces es cuando te das cuenta de que has empezado algo que sin quererlo te llena y que no sabes bien ni como vas a enfocar, así que empiezas a asistir a los escasos cursos de formación en la materia, cursos en los que conoces a algunos compañeros que en la mayoría de los casos comenzaron como tú lo has hecho, pero hace algún tiempo, así que empiezas a pedir consejo a estos buenos compañeros. Todos ayudan sin dudarlo y te sorprende la cantidad de gente, no solo Policías, que lleva ya mucho tiempo dedicando tiempo y recursos a este fin tan bonito y a la par tan necesario.

En un breve periodo de tiempo te encuentras imbuido en una corriente de personas que piensan que se debe hacer algo más, un poquito más, que te enseñan y acogen como si fueras alguien de los suyos desde siempre. Parece como si tuviesen un lema, que siguiendo el de la ultima campaña de Trafico “Menos siguen siendo muchos” hubiesen transformado en uno que yo creo muy apropiado para la que ahora es “nuestra causa” que es “MUCHOS SOMOS POCOS”



El ambiente de trabajo hace que te sientas ya como uno de ellos, con ánimo para enfocar tu nuevo proyecto con nuevas ideas y formas de trasmitir tus experiencias no tratando de enseñar lo que hay que pensar si no con el objetivo de enseñar a pensar, para no perder la esperanza de que el sueño, que parece nuestro objetivo final, se convierta lo antes posible en una realidad.

Tengo la impresión de que en la gran labor en la que nos hemos embarcado debemos contagiar nuestra ilusión, por difícil que parezca, a todos los colectivos a nuestro alcance para así implicarlos de una manera definitiva; Padres, Profesores, Administración, sin olvidar a cada uno individualmente como persona, demostrando que todos podemos aportar nuestro granito de arena y el que tenga un caldero que lo traiga también, ya que “MUCHOS SOMOS POCOS”. Por que por encima de los niños debemos, en mi opinión, de tratar a una sociedad en la que cada uno somos una pata del milpiés de la Seguridad Vial.

Wenceslao Díaz González. APEMEV CANTABRIA.

domingo, 28 de diciembre de 2008

EDUCACIÓN VIAL. DESDE NUESTRO PASADO HACIA NUESTRO FUTURO

Andaba yo por los 12 años cuando un grupo de “tutores”, que no eran otra cosa que nuestros educadores-docentes, responsables de nuestra educación y enseñanza en una Universidad Laboral, pusieron en práctica un novedoso proyecto, fuera del horario lectivo, encaminado a enseñarnos las señales de circulación y por supuesto de carácter voluntario.

Allá, por el año 70 del siglo pasado, tuve mi primer encuentro con la Educación Vial

Puede ser que éstos tutores fuesen muy jóvenes para lo que se llevaba en educación en aquellos tiempos, rondaban los veinte años y tenían unas ideas revolucionarias en cuanto a enseñanza integral, inquietud que les llevó a crear más tarde un club de Tráfico y con todas las narices, nos pusieron a regular la circulación en el interior de la UNI, un recinto de 14 kilómetros cuadrados que albergaba a 5.000 alumnos internos y que durante los fines de semana recibía la visita de los afortunados padres que residían por los alrededores.

Siempre bajo su supervisión, aprendimos las normas de circulación y comportamiento adecuados en la vía pública, como peatones, responsables de la circulación, y como guardianes de las buenas costumbres para la vida en convivencia. Yo no lo he olvidado, y después de 38 años en algún encuentro de ex alumnos, gente que nada tiene que ver con mi oficio, también lo recuerda, eso es una buena señal.

Como ya entenderemos, en aquellos años, aún no existía el uso del casco, del cinturón de seguridad, de los airbag y de otros elementos de seguridad con los que ahora contamos, de la misma manera que tampoco eran tantas las familias que disponían de un vehículo para desplazarse, por lo que muchos venían en autobús y había que regular constantemente los pasos de peatones, que creo que tampoco existían, pero nos los inventábamos.

Una vez acabado el ciclo de Bachiller Elemental, y con ello mi formación escolar actual, e integrado en el mundo crudo y real, comencé mi dilatada vida laboral. Anduve deambulando por la Isla de Mallorca como aprendiz-dependiente de Joyería, estuve en la estación invernal Alto Campoo como camarero y pistero mientras intentaba estudiar lo que no hice durante mi periodo escolar (algo relacionado con las oposiciones), luego en el Puerto de Santander como estibador portuario, mas tarde me integré en una compañía de distribución de bebidas como conductor de un camión y de ahí mi salto a la Policía Local, mi actual ocupación.

Yo no voy a decir que debamos aislar a todos los niños de 10 a 13 años a un lugar como aquel, aunque a mí me pareció y me parece aún una forma genial de educación, no voy a decir que les arranquemos de sus padres para educarlos de manera objetiva y sin los caprichos propios del consumismo actual, no lo voy a decir porque creo que debemos inventar otros medios actuales en los que los resultados sean de verdad lógicos de acuerdo con el mundo en que vivimos, sin la agresividad que ahora vemos en la calle y la falta de respeto a las normas; no lo voy a decir, pero que conste que lo he pensado un millón de veces, me flagelaré por ello, pero lo he pensado.

De lo expuesto con anterioridad, se desprende que mi experiencia puede ser útil a alguien que quiera entender el octavo sentido, el de la responsabilidad, que a ciertas edades debería ser el primero, y que también suele ser el primero en faltarnos. Durante toda mi vida, he conocido ciudades muy mal señalizadas, carreteras en las que ahora nos echaríamos las manos a la cabeza, vehículos con los que circular era más que una simple aventura, medios de traslado de heridos verdaderamente denigrantes, pero jamás he visto (salvo algún accidente natural) un siniestro que no se hubiera podido evitar con un poco más de sentido común.

En general, y esto lo digo por ser educado, siempre falla la persona, ¿Qué más nos da si es de una parte o de otra? siempre es lo mismo, uno pretende imponer sus derechos y otro se olvida de sus deberes, o al revés, que ya no recuerdo si es primero el huevo o la gallina, y al final algún pobre inocente nos abandona con el circulito encima de la cabeza, ascendiendo hacia el “cielo” preguntándose porqué estaría en aquel momento Y, en ése lugar H, a aquella hora X, fatídica.

No hay gente ineducada, todo el mundo está educado: solo que algunos están muy mal educados (Chesterton) Solo podemos educar a las personas, no se puede educar a una máquina, solo a su responsable, y si conseguimos empezar desde la edad en la que aún se puede y quiere aprender, llegaremos a tiempo de evitar muchos accidentes de circulación, muchas muertes en las vías, muchos gastos de reparación de vehículos, muchas lágrimas de dolor, muchas familias destrozadas, muchas frías y macabras estadísticas.

¿Alguien ha ido a comunicarle a una madre la muerte de un hijo por un accidente de circulación?, ¿al marido la de su esposa? ¿a un hermano la de otro hermano?¿a una abuela la de un nieto?

Eduquemos en responsabilidad. El factor esencial del aprendizaje es la voluntad de aprender y es durante la infancia donde más se desarrolla ésta virtud. Sigamos la Estela Vial, luchemos por los cero muertos en accidentes de tráfico, vamos a empezar a hacer que los niños lleguen a ser adultos responsables, vamos a imbuirles de valores, vamos a educar en convivencia. Lo que ahora nos pueda parecer una utopía, algún día será lo normal y los que nos dedicamos a la Educación Vial nos sentiremos orgullosos de nuestro trabajo.

Alejandro Cobo Argumosa. APEMEV CANTABRIA.
28 de diciembre de 2.008

martes, 23 de diciembre de 2008

APRENDER O MORIR, ESE ES EL DILEMA.

Finaliza el año 2008 y con él, una vez más, nos llega una cifra de víctimas en nuestras carreteras, que sirve de discusión en todos los medios de comunicación y llena de números las estadísticas de las diferentes administraciones; preguntándonos ¿donde está el problema? ¿En la falta de educación vial, falta de seguridad en los vehículos o por el contrario las infraestructuras viales no son las adecuadas?
A mi entender, como antes, como siempre, el factor humano está en la mayoría de los casos detrás de los accidentes de tráfico. Haciéndome esta reflexión se me antoja preguntar, todos nacemos libres, pero… ¿eso nos da derecho a hacer lo que nos venga en gana?
Vamos por partes y siempre en referencia a la educación vial, no sé muy bien ni cuándo ni cómo ni que tendrá que ocurrir para verificar un cambio de actitud en la sociedad y en esta cultura en que la vida es lo más barato, lo descartable y lo que menos debe ser cuidado. Quizá muchos estimen sus pertenencias como muy valiosas pero no advierten que lo más valioso es la vida.
Y voy más lejos, ante la muerte de tantas personas cuantas familias, amigo/as, conocidos quedan también afectados por un accidente de tráfico, repito, ¿por donde comenzaremos a cambiar? De que vale el esfuerzo de quienes ponen en práctica costosos planes de educación vial y de quienes los ejecutan, profesionales, docentes etc. Si todos estos esfuerzos no encuentran eco en personas, familias, gobernantes…
La familia es hoy, y si no lo es debería volver a serlo, la encargada de inculcar esos valores y esa educación, que luego con el paso del tiempo dote a las nuevas generaciones de comportamientos saludables, de respeto hacia los demás y hacia las normas de convivencia y de cuanto podamos imaginar para construir un mundo mejor donde las personas aprendan desde la infancia que todos somos sujetos y no objetos, y que de nosotro/as depende reducir esa escandalosa cifra de personas que pierden la vida cada año en nuestras carreteras.
Ojala seamos capaces de hacer realidad el objetivo de disminuir a 0 las víctimas en nuestras carreteras y de erradicar de nuestro vocabulario esa frase fatídica, A MI NO ME VA A PASAR, porque esto es lo peor que nos puede pasar. A todos en un momento determinado nos puede suceder un accidente, a todos nos puede sorprender una desgracia a la vuelta de la esquina; el accidente esta siempre latente, pero debemos poner de nuestra parte todos los medios para evitar que suceda, evitar una mala maniobra, una discusión que nos haga perder la racionalidad, el afán de competición al volante, pensar que soy el/la mejor conductor/a y poseo el vehículo más potente etc.
No todas las soluciones están en nuestras manos, pero algunas si, para empezar, si somos padres/madres debemos educar en la responsabilidad, cuidar a nuestros hijos e hijas adolescentes sin tener vergüenza de ser tildados de sobreprotectores, enseñarles a cuidarse y a quererse en todos los órdenes de la vida y así cuando llegue el momento de conducir un vehículo a motor pondrán en práctica todas las enseñanzas y advertencias, obedecerán las señales de tráfico y sobre todo serán capaces en cada momento de tomar la decisión más adecuada.

Alberto Sal Cabo. APEMEV CANTABRIA
23 de diciembre de 2008

sábado, 13 de diciembre de 2008

COMO TE CAMBIA LA VIDA UN NIÑO

En la vida de cada uno siempre hay momentos o situaciones que te hacen darte cuenta de las cosas que antes o bien ignorabas, o bien no dabas la importancia que se merecían. Y esto último es lo que me ha ocurrido a mí con la seguridad vial.
Al comienzo de tu vida tus padres te intentan educar para que hagas lo correcto y no cometas errores que ellos cometieron con anterioridad, pero eso no lo logran hasta que tienes conciencia de tus actos; hora en la que comienzas a tomar decisiones que no siempre son acertadas, pero son tus decisiones y las llevas adelante hasta sus ultimas consecuencias, haciendo muchas veces caso omiso a los consejos que te aportan tus seres queridos.
Después te llega la adolescencia, comienzas a salir de fiesta con los amigos, te echas novia, logras sacar el carnet de conducir y te compras un coche. Y yo hasta hace no mucho tiempo era uno más de esa gran parte de jóvenes que no respetaban muchas de las normas establecidas en materia de seguridad vial y cometía imprudencias que a mí me parecían pequeñas o poco peligrosas, pero que en el fondo podían significar la vida misma.
El punto de inflexión en mi vida fue ser PADRE.
Es ese momento de la vida en el que sin saber como, comienzas a tener responsabilidades y a preocuparte de cosas tan obvias previsiblemente como la seguridad de los tuyos.
Cuando son bebes te preocupa que vayan bien seguros en el vehículo, cuando comienzan a andar les intentas enseñar como combatir los peligros que existen tanto en la calle como en la carretera (por donde deben cruzar, a ponerse siempre el cinturón en el coche etc.…)


Pero el verdadero momento en el que el tema de la seguridad vial comenzó a centrar gran interés en mi vida, fue cuando mi hija que en esos momentos tenia 2 años, me pidió que fuese a su cole (aula para niños de 2 años) porque iban a realizar la semana de los oficios.
Yo soy policía local en un pequeño municipio de Cantabria y acudí a contarles como era mi trabajo, sobre todo la función que desempeñamos en materia de seguridad ciudadana intentando inculcarles cosas básicas para su seguridad.
Entrar en el aula y ver aquellos niños y niñas tan pequeños prestar tanta atención a lo que les estaba contando me hizo ver que de algún modo podría intentar ayudar para que desde pequeños aprendan la importancia que la seguridad vial va a tener para ellos en su presente y futuro.
Para ello comencé a formarme, realizando cursos sobre educación vial y seguridad vial impartidos por grandes profesionales y recabando información sobre cual era el método de aprendizaje que utilizaban para que los niños tomaran conciencia del tema.
Seguí investigando y encontré que hay un gran número de personas que están realizando actividades sobre seguridad vial en colegios tanto públicos como privados.
En estos momentos y gracias a la ayuda de estos profesionales estoy realizando charlas a los más pequeños del municipio aunque mi intención es ir creciendo y poder transmitir los conocimientos adquiridos en materia de seguridad vial a los niños de primaria y secundaria.
Hasta que no entras a profundizar en el tema de seguridad vial no te das cuenta de la dimensión que puede llegar a alcanzar y la importancia que tiene el educar desde edades bien tempranas para que el día de mañana lo tengan ya adquirido y sea como andar en bici, que nunca se olvide.
Diego Manrique Pereda. APEMEV CANTABRIA
13 de diciembre de 2008

jueves, 4 de diciembre de 2008

“SI ME PASA A MI..., PREFIERO MORIRME”

Hace algún tiempo que perdí la cuenta de las veces que me han dicho esa frase. ¿Por qué me la dicen?, porque un veintidós de diciembre (que fecha más curiosa) de hace dieciocho años, regresaba del trabajo a mi casa, y a la salida de una curva, me encontré el cuerpo de una persona en el centro de la calzada., hice una maniobra brusca para esquivarla y me empotré contra una roca. Me rompí la columna vertebral y me aplasté la médula; resumiendo, soy parapléjico: no siento ni muevo mi cuerpo del pecho hacia abajo y dependo de una silla de ruedas para desplazarme.

¡Qué recuerdos! y ¡qué cambios!. A mi primera silla de ruedas se añadió la reforma de mi casa: la puerta de mi habitación, la del baño, cambiar el mobiliario de sitio, etc. Nunca pude regresar a mi trabajo. Cuando compro un coche, tiene que ser con cambio automático, más caro. No puedo visitar a la mayoría de mi familia, hay escaleras por todas partes. No puedo ir a l los lugares que me apetece (cine, restaurante, hotel…) sino a los que puedo entrar, y en muchos de estos, accedo por una puerta lateral o por la trasera, que es la de los suministros; tampoco viajo en autobús, en tren depende del trayecto y en avión me siento con el resto del pasaje pero me tratan como a una maleta, entro el primero y salgo el último; me sitúan en el punto más alejado de las puertas para no estorbar en caso de evacuación y en su argot soy una silla: “Romerales mande una furgoneta a la puerta veinticinco………., ¡ si, tenemos una silla para Barcelona!” (ese soy yo).

Todo lo anterior, que afecta a mi motricidad, es malo, pero no es lo peor. Fue mucho más difícil, asimilar los problemas sensitivos: perder el control de los esfínteres y por tanto tener que usar laxantes y bolsa de recogida de orina atada a la pierna, esto lo superé ya hace doce años implantándome un electroestimulador de las raices sacras, que mediante un emisor externo controla mis funciones. Por supuesto he ganado en calidad de vida, pero estoy obligado a acudir a un aseo cada seis horas. Mi sexualidad no es mejor ni peor es diferente. Si me golpeo no me duele, tampoco si me pincho o me quemo, pudiendo así, provocarme una lesión grave por no tener una señal de alarma que es el dolor.
Puedo seguir, pero creo que ya te has hecho una idea …...¿ o quizás no?.

El segundo antes de mi accidente, tenía veintisiete años, una buena familia, unos buenos amigos, no tenía pareja, tenía trabajo, hacía surf y jugaba mal, pero que muy mal, al baloncesto. Hoy tengo cuarenta y cinco años, una buenísima familia, unos grandísimos amigos y desde hace catorce años una maravillosa mujer llamada Virginia que nunca me conoció caminando; trabajo como amo de casa (cocino de muerte) y fuera de ésta he colaborado con distintas asociaciones y la federación de deportes de discapacitados. He organizado actividades deportivas, doy charlas de sensibilización en los colegios y en los cursos de recuperación del carné por puntos, he jugado diez años en la liga nacional de baloncesto en silla de ruedas y practico de forma totalmente autónoma el descenso de ríos y el surf con materiales standard que he adaptado a mis condiciones; pero lo más grande de todo lo que me ha pasado, ha sido ser padre de una niña que hoy tiene seis años y que cada día me engrandece y me “complica” la vida un poco más.

No, no te he contado todo esto para que creas que soy un tipo maravilloso, te lo he contado para que la próxima vez que vayas a coger un vehículo después de haber bebido, o no te pongas el casco o el cinturón, etc. pienses si merece la pena arriesgarse a sufrir un accidente y después en el mejor de los casos poder decidir si sigues adelante o preferirías haber muerto en él. Cuando conscientemente cometes una imprudencia y no ocurre nada, se te está dando una segunda oportunidad que yo no tuve ... ¿o quizás si?

A la salida de aquella curva el veintidós de diciembre, hice lo que debía, esquivar el cuerpo de una persona que circulando ebrio y a 180 km/h se había matado un minuto antes de que yo llegara. Fue algo que no busqué, que creo que no me merecía, pero en esta, como en otras muchas ocasiones, es estúpido mirar al pasado y lamentarse cuando no hemos sido dueños de nuestro destino. Así pues, doy las gracias cada día, por mi segunda oportunidad.

Soy feliz con mi silla de ruedas y por favor si alguna vez hablas con un discapacitado no le jodas con la frasecita.
Agustín Vicente Casanova. APEMEV CANTABRIA
04 de diciembre de 2.008

viernes, 29 de junio de 2007

¿TE GUSTARÍA UNIRTE A NOSOTROS?

Estamos deseando compartir nuestras experiencias y aprender de las vuestras.